Hola Ana,
Te mando esta carta desde mi casa. Mi vida de cada día es muy normal, pero quiero contarte todo con completa verdad.
Cada mañana bebo café y miro mi teléfono digital. Bebo mucho café y paso mucho tiempo con la pantalla digital. Sé que esto no es bueno para mí, pero no puedo dejar de mirar. La pantalla me llama todo el tiempo.
Tengo conciencia de que debo usar mejor mi tiempo. Tú siempre me dices que debes pensar en tu salud antes de mirar el teléfono. Tienes razón. Los dos debes — bueno, debemos — ser más atentos con esto.
A veces siento que mi vida no es completa sin internet. Es como una cárcel sin ventanas. Me paso todo el día en casa con la pantalla. Una cárcel digital, pero una cárcel al fin. No hay salida fácil.
Por eso, hoy dejo el teléfono en otro cuarto por dos horas. Me siento bien así. Es bueno estar sin la pantalla un poco de tiempo. Mi vida se siente más completa sin ella.
No es fácil dejar de mirar, pero es posible. Espero que tú también lo puedas hacer un día.
Con amor,
Lucía