Clara, Marta y Sofía son amigas desde hace muchos años. Un día, las tres deciden hacer un viaje juntas. Buscan vuelos baratos en la computadora. Hay vuelos a muchas ciudades, pero el precio más bajo es para una ciudad costera al sur. "Es un poco absurdo ir tan lejos por solo cuatro días", dice Clara. Pero las otras dos ríen. Para ellas, nada es absurdo cuando estás con tus mejores amigas.
Reservan una habitación triple en un hotel pequeño cerca del mar. La habitación triple tiene tres camas, tres ventanas y una vista perfecta del agua. Es pequeña, pero a ellas no les importa. Lo importante es estar juntas.
La primera noche, el hotel organiza una cena al aire libre. Hay una vela encendida en cada mesa. La luz de la vela hace todo más bonito. Las tres amigas se sientan juntas y piden el menú del día. Clara mira la vela y dice que le recuerda a las cenas en casa de su madre. Marta asiente. Sofía no dice nada, pero sonríe.
Al día siguiente, las tres van al mercado del pueblo. Ven vestidos de colores brillantes colgados en las puertas de las tiendas. Marta compra un vestido azul. Sofía compra dos vestidos, uno rojo y uno blanco. Clara solo mira, pero al final también compra uno. "¿Para qué es el viaje si no te llevas algo bonito?", dice.
Por la tarde, ven a un grupo de personas que bailan en la plaza. Deciden unirse al grupo. Al principio es difícil seguir los pasos, pero después de unos minutos es fácil y divertido. Unirse a personas que no conoces es algo especial cuando viajas. Te sientes parte de un lugar nuevo.
En el último día, caminan por la orilla del mar y hablan de todo: del trabajo, de la familia, de los sueños. Clara dice que quiere hacer este viaje cada año. Marta dice que es una idea perfecta. Sofía dice que ella también quiere unirse siempre, sin importar adónde vayan. Las tres se ríen y siguen caminando.
En el avión de vuelta, buscan vuelos para el año siguiente. Una habitación triple, una vela en la mesa, vestidos nuevos y música en la plaza. Eso es todo lo que necesitan.