Cada mañana, Ana llega a la cocina y encuentra la luz eléctrica encendida. Ella no la deja encendida por la noche. Está segura. Pero cada mañana, la luz eléctrica está encendida otra vez.
Al principio, Ana piensa que es un error. Pero después de cinco días, empieza a preocuparse. Llama a su vecino Carlos.
—Tengo algo importante que decirte —le dice Ana—. La luz de mi cocina se enciende sola por la noche.
Carlos no sabe qué decir. Pero quiere ayudar. Los dos deciden investigar.
Esa noche, Ana y Carlos se sientan en la sala y esperan en silencio. No dejes la puerta de la cocina cerrada, le dice Carlos. Así pueden ver mejor. Ana responde: —De acuerdo, no la dejes cerrada tú tampoco.
A las dos de la mañana, escuchan un ruido pequeño. Los dos se levantan despacio y caminan hacia la cocina.
Allí, en el suelo, encontraron a un gato pequeño y gris. El gato había saltado sobre el interruptor de la luz eléctrica y lo había encendido. Los dos se ríen. El misterio está resuelto.
Pero ahora hay otra pregunta: ¿de dónde viene el gato? Ana y Carlos lo buscan por toda la casa y encontraron una ventana pequeña abierta en el baño. El gato entra por allí cada noche.
Con el tiempo, Ana ha desarrollado mucho cariño por el gato. Lo llama "Chispa", porque tiene una relación especial con la luz eléctrica. Carlos también ha desarrollado afecto por él.
—¿Sabes qué he descubierto? —le dice Ana a Carlos un día.
—¿Qué has descubierto? —pregunta él.
—Que Chispa es el mejor misterio que me ha pasado en la vida.
Carlos sonríe. El gato duerme tranquilo sobre la mesa de la cocina, al lado de la luz.