Luis y Ana trabajan juntos en una oficina grande. Hoy hablan sobre su semana de trabajo.
— Ana, ¿cómo va tu semana? — pregunta Luis.
— Mal. Tengo que ir a tres talleres esta semana. El tercero es el viernes por la tarde. Voy a sufrir mucho.
— ¿Por qué vas a sufrir? ¿Son talleres difíciles?
— Son talleres sobre nuevas tecnologías. Yo no entiendo bien las tecnologías nuevas. Me da mucho estrés.
— Entiendo. Yo también sufrí en esos talleres el mes pasado. Pero después todo fue más fácil.
— ¿De verdad? ¿Tú fuiste al tercero también?
— Sí, al tercero y al segundo. El teniente director los organizó para todo el equipo.
— Ah, sí. El teniente director siempre organiza muchas cosas. A veces es demasiado.
— Es verdad. Oye, ¿sabes que van a hacer el próximo taller en un edificio nuevo? Dicen que el lugar parece un templo, muy grande y muy bonito.
— ¿Un templo? ¡Qué raro! ¿Por qué en un lugar así?
— No sé. Pero un templo grande tiene mucho espacio. Y para los talleres de tecnologías necesitamos espacio para todas las computadoras.
— Tiene sentido. Bueno, si el lugar parece un templo, quizás no voy a sufrir tanto. Un lugar bonito ayuda.
— Exacto. Y yo puedo ayudarte con las tecnologías si no entiendes algo. No tienes que sufrir sola.
— Gracias, Luis. Eres muy buena persona. ¿Vienes al taller del tercero día?
— Sí, voy. Podemos ir juntos.
— Perfecto. Así los talleres van a ser mucho menos difíciles.
Los dos siguen trabajando, pero ahora Ana se siente mejor. A veces una buena conversación ayuda más que cualquier tecnología.