Rivera trabaja en una pequeña panadería cerca del río. Cada día llega temprano y prepara el pan con mucho cuidado. Su socio se llama Marcos. Marcos y Rivera son amigos desde hace muchos años, y juntos llevan el negocio con alegría.
Un martes, Rivera preparó una sopa nueva con tomate, cebolla y pollo. Marcos la probó y señaló el plato con una sonrisa grande. "Esto está muy bueno", dijo. Marcos también señaló que la sopa necesitaba un poco más de sal. Rivera añadió la sal y la sopa resultó perfecta. A los dos les gustó mucho.
Ese mismo día, un hombre entró a la panadería. El hombre dijo que era senador y que quería comprar pan para una reunión importante. Rivera le vendió diez panes grandes. El senador los pagó y los llevó con él. Resultó que el senador volvió al día siguiente para comprar más, porque a todos en la reunión les había gustado mucho el pan.
Rivera sintió una gran alegría. Su socio Marcos también estaba muy contento. Los dos celebraron con un café caliente y un trozo de pastel de manzana que Rivera había hecho esa mañana.
Por la tarde, una señora del barrio llegó a la tienda. Ella no tenía suficiente dinero para comprar pan. Rivera y Marcos se miraron. Sin decir nada, Rivera le dio una bolsa de pan sin cobrarle nada. Marcos asintió con la cabeza. Para ellos, la solidaridad era tan importante como el trabajo. Rivera siempre decía que la solidaridad con los vecinos hace el barrio más fuerte.
Al final del día, Rivera limpió la cocina y Marcos cerró la puerta. Los dos salieron juntos al frío de la noche, contentos con su trabajo y con su amistad.