Hoy es martes y me siento muy bien. Quiero escribir sobre mi amiga Sara.
Me llamo Elena. Sara y yo nos conocemos desde hace tres años. Todos los días me llamo con ella por teléfono, aunque solo sea por cinco minutos. Esos cinco minutos son importantes para mí.
Sara estudia música. Tiene muchos instrumentos en su cuarto: una guitarra, un violín y un piano pequeño. Cuando la visito, ella toca los instrumentos y yo escucho. A veces canto un poco, aunque no canto bien. Ella nunca se ríe de mí. Dice que los instrumentos son para todos, no solo para los expertos.
También estudiamos juntas en el laboratorio de ciencias de la universidad. El laboratorio es un lugar frío y serio, pero con Sara siempre nos reímos. Ella logra hacer el trabajo difícil fácil. Cuando yo no entiendo algo, ella me explica con calma. Cuando ella tiene un problema, yo intento ayudar. Así los dos logramos terminar el trabajo más rápido.
Tener una amiga así es un lujo. No todo el mundo tiene ese lujo. Muchas personas tienen compañeros, pero no tienen una amiga de verdad. Una amiga de verdad te escucha. Te dice la verdad. Y cuando estás triste, ella está a tu lado.
Hoy en el laboratorio, Sara vio que yo estaba cansada. No dije nada, pero ella lo sabía. Me trajo un café y sonrió. Con los labios cerrados, sin decir una sola palabra. Esa sonrisa en sus labios fue suficiente.
Pienso que la amistad no necesita palabras grandes. Necesita pequeños momentos como ese. Estoy muy contenta de tener a Sara en mi vida. Espero que nuestra amistad continúe por muchos años más.